Un día sin inmigrantes

Por Claudia Herrmann

Si el movimiento pro-inmigrante desea realmente generar el cambio profundo en el país y en la clase política, y forzar el reconocimiento de las aportaciones que hacemos los hispanos a la sociedad en lo económico, lo social, lo cultural y hasta en lo político, será imprescindible que el movimiento cuente con el decidido apoyo de grandes sectores de la población del país.

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Claudia Herrmann
Presidente de la
Asociación de
Mujeres Empresarias y Profesionales de Dallas

En 2004 se estrenó la parodia y comedia “Un Día Sin Un Mexicano” dirigida por el cineasta mexicano Sergio Arau. En la película, un día los californianos amanecen para enfrentarse a la realidad de que todos los mexicanos (y mexicano-americanos de segunda y tercera generación) han desaparecido en una extraña nube púrpura. Familias mixtas se quedan sin padre o madre, no hay quien recoja la basura de las calles, los restaurantes se quedan sin cocineros, garroteros y meseros, todos hispanos. No hay quien corte el césped de las multimillonarias mansiones californianas. Angustiados padres no pueden ir a sus trabajos porque a las nanas hispanas se las tragó la tierra. En los campos no hay quien levante las cosechas, ya que los mexicanos que hacen este ingrato trabajo desaparecieron de la faz de la tierra. 

Si bien la trama, la dirección y el trabajo de edición de la película son olvidables, el mensaje es contundente. La repentina desaparición de un segmento tan numeroso de la población causa una ruptura social y económica en el estado, que hace que la población no hispana se dé cuenta de lo crítico que es este segmento de la población para el bienestar del estado. Los desaparecidos no son sólo trabajadores comunes, sino que abarcan profesionales, empresarios y personas de todos los estamentos sociales e intelectuales. Incluso la Patrulla Fronteriza descubre que sus filas han disminuido por la pérdida de sus oficiales hispanos, y los oficiales anglosajones restantes se dan cuenta de que sin un flujo constante de inmigrantes ilegales sus empleos ya no son necesarios. Culturalmente, la población se da cuenta de que el estereotipo de que todos los hispanos que son trabajadores manuales no corresponde a la realidad, ya que muchos desaparecidos son estadounidenses de ascendencia hispana de segunda, tercera o mayores generaciones.

En las redes sociales circulan videos y convocatorias a realizar “Un Día sin Inmigrantes”. Jóvenes hispanos hacen un llamado a cada hispano en el país a no ir a la escuela, no presentarse al trabajo, no comprar en el supermercado, a no cargar gasolina, no ir a restaurantes. En suma, convocan a toda la población hispana a quedarse en casa. La acción de boicot estaría acompañada de marchas de protesta. La idea de los convocantes es lograr que los opositores a los inmigrantes lleguen a entender el valor de los hispanos y sus aportaciones al país.
Las marchas son útiles y necesarias en algunos casos porque efectivamente pueden empujar a un país a cambios sociales o políticos apremiantes. Sin embargo, las marchas corren el riesgo de ser parapeto de personas con oscuras agendas políticas. De tal suerte, un movimiento social genuino puede politizarse y ser secuestrado por intereses políticos que nada tienen que ver con la esencia misma del movimiento. Para que este movimiento prospere, es imprescindible que logre que se una a él la población anglosajona y afroamericana. En las décadas de los cincuenta y sesenta el movimiento afroamericano en pro de la defensa de sus derechos civiles estaba dividido y pulverizado. No fue sino hasta que Martin Luther King logró que los blancos se unieran a su famosa marcha de Selma que el movimiento logró catalizarse y culminara en la Ley de Derechos Civiles que promulgó el Presidente Lyndon B. Johnson.

Si el movimiento pro-inmigrante desea realmente generar el cambio profundo en el país y en la clase política, y forzar el reconocimiento de las aportaciones que hacemos los hispanos a la sociedad en lo económico, lo social, lo cultural y hasta en lo político, será imprescindible que el movimiento cuente con el decidido apoyo de grandes sectores de la población del país. Teóricamente ello debería ser más fácil actualmente que en la sociedad monolítica de hace cincuenta años, ya que este país es mucho más multiétnico y multirracial de lo que era entonces. En segundo término será necesario lograr la unión entre los miles de grupos pro defensa de los migrantes que existen en el país. El movimiento requiere de un catalizador como Martin Luther King, pero desafortunadamente los hispanos no contamos con ese tipo de liderazgo.

Hasta la próxima y buena suerte. Claudia Herrmann es Presidente de la Asociación de Mujeres Empresarias y Profesionales de Dallas cherrmann@amepusa.org

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