Ahora los hispanos podemos predisponernos al optimismo de nuestras vidas

Por Arnoby Betancourt

Tali Sharot, la neurocientífica que estudia el optimismo.

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Dallas, Texas. En el campo de la psicología social hay un exitoso experimento llamado “La Predisposición al Optimismo” (“Optimism Bias”), el cual explica cómo operan nuestras conexiones cerebrales para creer que el futuro será mejor que el presente y el pasado.

Tali Sharot, tiene un PhD de la Universidad de Nueva York (NYU) en recuerdos emocionales, especialmente en recuerdos dramáticos, y un posdoctorado en Harvard. Actualmente se desempeña como profesora de neurociencia cognitiva del Departamento de Psicología Experimental del University College de Londres.
Tali Sharot, estudia e investiga sobre el optimismo desde los mecanismos cerebrales. Sus hallazgos han sido observados en muchos países, en culturas occidentales y no occidentales, en mujeres, hombres, niños y ancianos y, según sus experimentos, “la predisposición al optimismo” está en el 80 % de los seres humanos.
No se trata de cuentos mágicos que prometen, en mayúsculas La Felicidad, El Amor, La Paz. Sharot se desmarca de estos discursos facilistas y los explica desde la neurociencia. Desmiente, por ejemplo, a aquellos que creen que el secreto de la felicidad radica en tener bajas expectativas.
Una de las razones más seductoras para entender por qué es incorrecto tener bajas expectativas la explicó con el experimento hecho por el economista de comportamiento George Lowenstein, quien les pidió a sus alumnos de la universidad que se imaginaran recibiendo un beso de una celebridad.
Les dijo: “¿Cuánto están dispuestos a pagar para recibir un beso de una celebridad si el beso fuera dado inmediatamente, dentro de tres horas, de 24 horas, de tres días, en un año o en diez años?”.
Descubrió que los estudiantes estaban dispuestos a pagar lo máximo para recibir el beso tres días después. Es decir, estaban dispuestos a pagar extra por esperar. ¿Por qué? Si recibían el beso dentro de tres días esa anticipación los haría felices. Al optimista, por ende, lo contentaba esperar.

¿Qué es la “predisposición al optimismo”?

Para la neurocientífica la “predisposición al optimismo” consiste en que la gente espera que el futuro sea mejor que el pasado y que el presente. Es una ilusión cognitiva que ha estado estudiando en su laboratorio en los últimos años y el 80 % de las personas la tienen. Se trata de una tendencia que tiene el ser humano a sobreestimar la probabilidad de experimentar situaciones positivas y subestimar las posibilidades de experimentar situaciones negativas.
Como por ejemplo, subestimamos la posibilidad de sufrir cáncer o de tener un accidente automovilístico, pero sobreestimamos nuestra longevidad, nuestras posibilidades laborales. En resumen, somos más optimistas que realistas.
Como profesora y directora del “Affective Brain Lab” de la Universidad College London, estudia el rol de las emociones en todo lo que nos rodea: en la toma de decisiones, en la memoria, en el aprendizaje, en la interacción social. Busca entender cómo las emociones se comportan en el cerebro y nos hacen ser individuos saludables o no, porque de hecho, la depresión y la ansiedad son desórdenes afectivos y emocionales.
Las investigaciones muestran que solemos ser optimistas sobre nosotros mismos, sobre nuestras familias o hijos, pero no lo somos de las personas de al lado y mucho menos sobre el destino de nuestro país o de nuestros políticos. Esta diferencia se entiende como un tema de control. Tenemos más control sobre nuestras vidas, en cambio no tenemos control del mercado financiero o de los políticos y, por eso, creemos que esto no va a ir en la dirección correcta.
El optimismo personal acerca de nuestro propio futuro permanece con insistencia. Y esto no quiere decir que pensemos que las cosas saldrán bien por arte de magia, sino que tenemos la habilidad única de hacer que así suceda.
Los estudios muestran que los optimistas son más felices y que cuando las cosas no salen como esperaban, encuentran una razón y siguen teniendo expectativas positivas. Por ejemplo, los emprendedores suelen ser más optimistas que el resto de la población y fracasan un montón.
Alguien dijo que el 78 % de los primeros emprendimientos fracasan. Entonces estas personas tienen grandes expectativas y fracasan, pero aprenden en qué fallaron, lo corrigen y saben que tendrán éxito la próxima vez.
arnoby@elhispanonews.com

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