Un año de locura

Por Claudia Herrmann

Ahora sólo quedará ver qué sucederá en el futuro cercano. El tiempo dirá.

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Claudia Herrmann
Presidente de la
Asociación de
Mujeres Empresarias y Profesionales de Dallas

Este ha sido uno de los años más tumultuosos en la vida política moderna de este país. Estas han sido las elecciones más atípicas en la historia moderna de este país. Sin lugar a la menor duda. Salieron a votar todas las minorías étnicas y religiosas, los latinos, los afroamericanos, los musulmanes, los judíos, todos lo que no conformamos la (aún) mayoría anglosajona. 

Pero también lo hicieron los anglosajones. Lo hicieron con inusual rabia. Sobre todo los de la clase otrora llamada proletaria. Cincuenta millones de ellos. Salieron y se pararon enfrente de esa enorme rueda de hierro que los ha destrozado lenta e inexorablemente desde hace ya varias décadas. Lo hicieron a pesar de que los medios de comunicación les dijeron que ganaría Hillary Clinton sin temor a equivocarse. De que todas las encuestas pronosticaban la derrota de su candidato. De que los pertenecientes a las clases medias altas urbanas y por supuesto los más pudientes de este país los ven como un desecho y un resabio de una era pasada y perdida en la bruma del tiempo. Son las familias donde ambos padres tienen dos empleos cada uno y el ingreso apenas alcanza para comer y pagar la renta o la hipoteca. Son las familias que ya no pueden soñar a tener acceso a servicios médicos porque se han vuelto impagables, a pesar del Obamacare. Son los desesperanzados de la era moderna.

Esos cincuenta millones de electores lograron detener la gran rueda de hierro. Se levantaron determinados a evitar que la gran bota de Washington los aplastara una vez más. La detuvieron en los estados imposibles. Y ellos cayeron uno por uno: Ohio, Wisconsin, Pennsylvania, Iowa. Se rebelaron en contra de un sistema que gira órdenes de arresto por una trivial multa de tránsito no pagada, pero que permite que los peces gordos de Wall Street puedan defraudar al tono de miles de millones de dólares con absoluta impunidad.

Tengo la certeza de lo que pasó el 9 de noviembre no fue una votación. Fue una verdadera rebelión de las masas. Las masas que el sistema ha despreciado desde hace décadas. Las que no tienen títulos universitarios. Las que laboran en las pocas fábricas que no han sido trasladadas a otros países. Las que realizan trabajos considerados inferiores. Las que no toman un café de diseñador en Starbucks. Las que no visten con ropa de marca. Las que no hablan de manera “culta”. Las que no saben en donde está Aleppo y tampoco les importa; y no les importa porque no está en Estados Unidos. Las que ven con mucho recelo el que se les dé la bienvenida a refugiados sirios y afganos y se les den los elementos necesarios para comenzar una nueva vida en éste, el país de las oportunidades, pero donde esas masas desde hace mucho no pueden aspirar a esas oportunidades y no reciben ayuda alguna de nadie. Las que tienen la ridícula idea de que aún son importantes para este país. Las que piensan que sólo los inmigrantes y los afroamericanos importan.

Cincuenta millones de electores repudiaron a Hillary Clinton y a Barack Obama. Prefirieron a un payaso mentiroso y depredador sexual. Lo prefirieron porque no es parte del sistema que aborrecen y que los ha aplastado. No les importaron las celebridades. Total, las celebridades viven en otro planeta. Pero las masas viven en éste, con sus penurias y escaseces. No prestaron atención a los medios de comunicación. Salieron a votar porque creyeron en lo imposible. Su voto fue uno proveniente del más profundo hastío, no uno de esperanza. Pero al salir a votar lograron que lo imposible sucediera. Recordaron que este país está cimentado en imposibles. Recordaron que los padres de la patria se pararon frente a monarquías y tiranos y les dijeron que no. Y lucharon hasta la muerte por sus creencias.

Ahora sólo quedará ver qué sucederá en el futuro cercano. El tiempo dirá.

Con ello les deseo un 2017 que los colme de bendiciones, pero sobre todo salud. Lo demás viene por añadidura.

Hasta la próxima y buena suerte. Claudia Herrmann es Presidente de la Asociación de Mujeres Empresarias y Profesionales de Dallas cherrmann@amepusa.org

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