Trump y el declive de los EE.UU.

Por Arnoby Betancourt

El vacío estadounidense se llenará más temprano que tarde, sobre todo en este mundo en el que todo va muy rápido. Los 4 años de Presidencia Trump pueden ser dramáticos. Pero ¿por quién?

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ARNOBY BETANCOURT
Director de la
Escuela Comunitaria de Derechos Humanos de Texas

Por el valioso contenido y análisis del reciente artículo “Trump y El Declive de los EE.UU.” escrito por Julio González en “Global Politics and Law”, sobre política y derecho, nos permitimos compartirlo dada la visión que de EE.UU. se palpa desde Europa. Julio González García es un Catedrático de Derecho Administrativo y Director del Instituto de Derecho Europeo e Integración Regional de la UCM. Es también Consultor y Asesor en Derecho público y escribe además en Agenda Pública y en la edición española del Huffington Post.

“Trump llegó a La Casa Blanca con un remake del slogan de Reagan: Make America Great again. Hoy se podría cambia a Let’s make America lesser again. Es la vuelta a 1914 al status internacional anterior a la I Guerra Mundial. Casi nadie podía pensar que pocos meses después de la llegada de un nuevo Presidente a la Casa Blanca se hubiera producido un cambio tan significativo en el papel de los EE.UU. en las relaciones internacionales.
Casi nadie podía prever que, por pura renuncia, por las decisiones de su Presidente, Donald Trump, los EE.UU. han iniciado la senda para dejar el papel prominente que ha venido ostentando después de 1945 y se ha refugiado en su interior, tal como ocurría en 1914. Esto es, las decisiones que está tomando Donald Trump están contribuyendo a acrecentar el declive de los EE.UU.
No estoy diciendo que en poco tiempo haya perdido su poderío. Sigue siendo la primera potencia económica del mundo, tal como ha venido ocurriendo desde 1871. Sus Fuerzas armadas siguen siendo poderosas, más que ninguna otra en el mundo (a pesar de los cambios que se están produciendo). Lo que está ocurriendo es algo mucho más sutil, que no se puede medir: el liderazgo. Un liderazgo que está perdiendo por renuncia y desconfianza.
De hecho, hay tres ámbitos relevantes en donde esto ha ocurrido ya: “libre comercio”, defensa y protección del medio ambiente global. Tres ámbitos que, abordados de forma conjunta, reflejan una pérdida de influencia global.
De entrada, llama la atención el cambio que en el comercio internacional ha experimentado EE.UU. desde la llegada de Donald Trump. No es una cuestión de vuelta al proteccionismo (que creo que resulta inviable teniendo en cuenta su estructura económica) sino de la renuncia a liderar los nuevos tiempos de los Nuevos Tratados de Libre Comercio; alterando la estrategia común que republicanos y demócratas habían tenido desde hace décadas.
Abandonando el TPP, ha permitido a China, India y Japón impulsar su propia estrategia en la que el Regional Comprehensive Economic Agreement ocupará un papel preponderante, agrupando al 40% de la población global. No ha entendido que la estructura de tratados bilaterales para impulsar una visión imperial, de supremacía estadounidense, no es seguida en todo el mundo.
Su agenda del “America First” ha chocado con el dato derivado de la reunión de Davos de enero. El Presidente de la República Popular China, Xi Lipeng, se pronunció claramente contra el proteccionismo y afirmó su disposición a llenar el agujero que está creando EE.UU. en materia de libre comercio. Se ha encontrado con un regalo inesperado en la presidencia de Trump que le permitirá configurar nuevos estándares comerciales.
El liderazgo militar también está en cuestión. No tanto, insisto, por una pérdida de potencial sino por su falta de voluntad de liderar la OTAN. En la última reunión, el Presidente que más habla no dijo aquello que había que señalar: su compromiso con el artículo 5 del Tratado. Un artículo 5 que no es sino el compromiso de ayuda mutua en caso de agresión, la clave del sistema que todos los Presidentes hasta ahora habían mantenido en su primera aparición en la cumbre de la OTAN.
Esta ausencia simbólica de compromiso fue recogida por la Canciller Ángela Merkel con su ya famoso “Los europeos tenemos que tomar el destino en nuestras manos”, en el que se resalta que no se puede contar con los aliados tradicionales para todo. “Los tiempos en los que podíamos depender completamente de otros, hasta cierto punto han terminado. Es mi experiencia de estos últimos días”, continuó la Canciller. Y la equiparación que hace de estas relaciones de amistad es expresiva: “naturalmente, contando con la amistad con Estados Unidos, Reino Unido y con relaciones de buena vecindad con otros países cuando sea posible, también con Rusia”.
Lo que ha terminado de alejar a EE.UU. es su salida del Acuerdo de París sobre el cambio Climático, que se producirá, caso de que se materialice, cuando Trump haya terminado su primer mandato (esperemos que último). No está clara cuál es la posición que tiene sobre el cambio climático, si cree que es una falsedad o no. El mensaje colgado en twitter en 2012, parece indicar que su posición es bastante acientífica:

“The concept of global warming was created by and for the Chinese in order to make U.S. manufacturing non-competitive.
Donald J. Trump (@realDonaldTrump) November 6 2012”

Cuando anunció la salida dejó claro que para él un problema global no es relevante. Que prefiere un micro problema local, cuya resolución no depende del Acuerdo de París. Refleja, asimismo, un pobre entendimiento de los efectos económicos de los acuerdos y de que, más que una carga puede ser una oportunidad para la economía estadounidense. En el país donde más demandas se plantean por daños, ha olvidado que EE.UU. es el país que más contribuye por habitante al calentamiento global, mucho más que China.
Con ello, se ha producido una victoria interna del grupo más representativo del alt-right, el que encabeza Stephen Bannon y que tiene a Scott Pruitt como Director de la Environmental Protection Agency. Pero, desde el punto de vista del liderazgo global, ha dejado a Europa y China a obtener una ventaja global relevante. Hoy sólo le queda el apoyo de Putin, y lo pone en la misma situación de Corea del Norte, que no firmó el Acuerdo de París.
La Intervención de Trump, una posición psicológicamente relevante de complejo de inferioridad. Me quedo con este fragmento: “¿Hasta qué punto están siendo menospreciados los EE.UU.? ¿Hasta qué punto se han estado riendo de nosotros como país? No podemos consentir que otros líderes y países se rían de nosotros y no lo vamos a permitir”. La cooperación es un factor relevante ante problemas globales y ante las complejas relaciones internacionales, que no ha entendido y, desde luego, su falta de compromiso conducirá a una perdida sustancial de liderazgo global.
China y Europa parece que lo han entendido y están cerca en estas cuestiones. Merkel señaló que “la cooperación entre la Unión Europea y China en este campo jugará un papel extraordinario, especialmente en lo que respecta a las nuevas tecnologías” que pueden ayudar contra el cambio climático. En este punto, tampoco ha entendido el desplazamiento del talento científico hacia Asia; el cual incluso está encontrando problemas para entrar en los EE.UU. por su política migratoria.
Estos tres ejemplos y otros que se podrían citar no pueden sino resultar extraños. Es claro que, tal como se ha venido señalando, en las últimas décadas se había visto un declive de los EE.UU., solo disimulada por la desaparición de la Unión Soviética. Pero con la posición actual, los EE.UU. serán la primera potencia en la historia que renuncie a seguir siéndolo. En los demás casos, siempre han sido factores externos de naturaleza dramática. Aquí no, aquí es la posición voluntaria de su Presidente, sin duda pobremente asesorado, lo que ha contribuido a perder el papel preponderante.
Los EE.UU. entraron tardíamente en la Primera Guerra Mundial. En la Segunda no lo hicieron hasta que el 6 de diciembre de 1941 los japoneses bombardearon Pearl Harbour. Entre una y otra guerra se empezó a dibujar un papel preponderante que se manifestó con toda su intensidad tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, posiblemente temerosos del papel de la URSS, especialmente tras el triunfo del Partido Comunista Francés en las elecciones de 1946. El Plan Marshall hizo que Europa reconociera su papel dominante. Hoy parece que vivimos el camino inverso.
El vacío estadounidense se llenará más temprano que tarde, sobre todo en este mundo en el que todo va muy rápido. Los 4 años de Presidencia Trump pueden ser dramáticos. Pero ¿por quién?
China está al acecho y ha demostrado en los últimos años que adopta soluciones alternativas cuando algo está paralizado. Es el ejemplo que tenemos del Asian Infrastructure Investment Bank (AIIB), impulsado por ellos cuando la reforma del FMI quedó paralizada y cuando el dinero no llegaba.
Ahora bien ¿es esto positivo? ¿Es positivo que lidere el mundo un país que está desarrollando una política neocolonial de adquisición de territorios en África y América Latina? ¿O que está esquilmando las pesquerías globales, una vez que ha dejado sin recursos las propias? ¿El país que está inundando de productos el mundo sin cumplir con las reglas de la OMC? ¿El país que tiene tantísimos problemas de derechos humanos?
Por exclusión, si no es China sería Europa. Pero ¿en qué situación la encontramos? Sin política exterior clara, absorta en la salida del Reino Unido con el Brexit, sin cumplir con los valores que la habían hecho importante -como lo ha mostrado su posición en relación con los refugiados-, con problemas institucionales de relevancia y en los mínimos de apoyo popular en las encuestas fruto de planteamientos erróneos como los del TTIP. En este contexto, resultaría complicado que, tras las elecciones de este año, fuera capaz de dar un gran salto adelante, que sería preciso para retomar un papel preponderante”.
arnoby@elhispanonews.com

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