Hay que desmentir el mito: Los inmigrantes no cometen más delitos que los nacidos en EE.UU.

Por Arnoby Betancourt

La ciudad de Dayton es un espejo ampliado de las tendencias en todo el país.

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Dallas, Texas. La forma injusta y perversa como se generaliza la criminalización de las comunidades afroamericanas e hispanas por parte del gobierno federal y de algunos sectores minoritarios de la sociedad, se les está convirtiendo en un “boomerang”, es decir, les está resultando contrario a lo que esperaban. Y es que a pesar de haber tenido el tema como punto central de su campaña, el Presidente Donald Trump no ha dicho la verdad. Todos los estudios señalan que los inmigrantes no aumentan el crimen en Estados Unidos.

El pasado 19 de Junio, durante la ceremonia de posesión del nuevo Concejo de la Ciudad de Dallas en el Centro Sinfónico Morton H. Meyerson, la máxima autoridad municipal Mike Rawlings, en tono determinante afirmo: “Nuestros hermanos hispanos no son criminales. Los cuerpos policiales tienen otras tareas que cumplir”.
La historia hay que conocerla para que los embusteros no repitan sus falsedades. El temor hacia la migración no es algo nuevo. La llegada de cientos de miles de europeos entre el siglo XIX e inicios del siglo XX llevó a muchos a denunciar a los inmigrantes por el aumento del crimen.
Entre 1907 y 1911 una comisión bipartidista del Congreso estudió los hechos, y a pesar de proponer duras políticas migratorias, no halló “evidencias satisfactorias” de que los extranjeros cometieran más crímenes que los estadounidenses. Algo similar ocurrió con la llamada “Comisión Wickersham”, establecida por el presidente Herbert Hoovert en 1929 para estudiar el crimen y la aplicación de la justicia.
Si recordáramos a los profesores universitarios y expertos en criminología Ramiro Martínez Jr. y Matthew Lee, cuando publicaron un estudio titulado ‘Sobre Inmigración y Crimen’, después de haber revisado diversas estadísticas e investigaciones de las últimas décadas, su conclusión fue: “contrario a la opinión popular, [los inmigrantes] casi siempre exhiben tasas de criminalidad más bajas que los grupos nativos”.
El estudio admite que “hay razones importantes para creer que los inmigrantes deberían estar involucrados en crímenes en un mayor grado que los nativos estadounidenses”, por ejemplo, la dificultad de asimilación, la residencia en vecindarios donde suele haber altos índices de violencia y pobreza. Pero los datos demuestran que en todo el siglo XX “los inmigrantes están típicamente infrarrepresentados en las estadísticas criminales”.
Ya un estudio publicado en 2007 por las investigadoras Kristin F. Butcher y Anne Morrison Piehl, con datos de los censos de 1980, 1990 y 2000, había revelado que los hombres inmigrantes de entre 18 y 40 años tenían índices de encarcelamiento inferiores a los de sus pares nacidos en Estados Unidos.
Los investigadores Walter Ewing, Daniel E. Martínez y Rubén G. Rumbaut, del American Immigration Council, extendieron el estudio hasta 2010, afirmando que los hombres pobres estadounidenses de entre 18 y 39 años tenían un índice de encarcelamiento de 10.7%, frente a 2.8% de los nacidos en México y 1.7% de los nacidos en El Salvador y Guatemala, en el mismo rango de edad y nivel socioeconómico.
Y para abordar otro flagelo que azota a la población anglosajona, y que puede alcanzar ribetes de calamidad pública, es lo que sucede en Dayton, Ohio. Esta es una de las capitales de la heroína en Estados Unidos. También es la capital del condado de Montgomery, un área urbana de medio millón de habitantes. En 2010 murieron en este condado 127 personas por sobredosis de droga. En 2014, el último año del que se disponen cifras completas, murieron 264.
La ciudad de Dayton es un espejo ampliado de las tendencias en todo el país. Entre 2002 y 2013, las muertes por sobredosis de heroína en Estados Unidos se cuadriplicaron. Mueren más personas por drogas, la mayoría, opioides como la heroína y otros analgésicos, que por accidente de tráfico. Entre las personas de 18 a 25 años, el uso de la heroína se ha duplicado.

¿TAMBIEN HAY “CRIMINALES” DENTRO DE LAS AUTORIDADES POLICIALES?

La idea que vende el Gobierno del Presidente Trump es que la inmigración, especialmente la ilegal y la proveniente de México y América Latina, es violenta, aumenta el crimen y los problemas en Estados Unidos. Múltiples y muy diversos estudios, sin embargo, indican lo contrario. “Dadas las abundantes investigaciones científicas disponibles, es altamente probable que los extranjeros cometan menos crímenes que las personas nacidas en Estados Unidos”, asegura al Detector de Mentiras Bianca Bersani, profesora de Sociología y Directora del Programa de Justicia Criminal de la Universidad de Massachusetts, Boston.
Kristin Butcher, directora del Departamento de Economía de Wellesley College, explicó al “Detector de Mentiras Bianca Bersani, que muy pocas investigaciones académicas encuentran alguna relación causal entre inmigración y crimen”, y dijo que si existe alguna es que “la inmigración reduce el crimen, particularmente el crimen violento”.
Rubén Rumbaut, profesor de Sociología en la Universidad de California, Irvine y también experto en el tema, fue más contundente: “que los inmigrantes cometen delitos a tasas significativamente menores que los nativos es una realidad que ha sido observada desde los días de la colonia, ha sido consistentemente documentada por comisiones gubernamentales por más de un siglo, y por básicamente todas las investigaciones disponibles”.
Pero hay unas evidencias que no se pueden soslayar. Las conductas de inobservancia de las normas legales de comportamiento y convivencia social, y las estipuladas en la Constitución, las leyes y los reglamentos, también son infringidas por algunas autoridades de policía y de agencias federales.

El pasado 14 de Junio, fue divulgado el delictuoso comportamiento de cuatro oficiales del Departamento de Policía de la ciudad Sweetwater en el Estado de la Florida. Según la acusación de la Fiscalía, la mayoría de las víctimas, eran lo que ellos catalogan como personas vulnerables que no hablaban bien el inglés y muchos de ellos eran personas sin un permiso de estadía legal en Estados Unidos.
Misteriosamente los oficiales de policía, que solo hasta ahora fueron acusados pues nunca despertaron sospechas a pesar de sus actuaciones “criminales” y ya que los gritos de sus víctimas jamás se escucharon, procedían a detener a sus víctimas, las llevaban a la Estación de Policía, las torturaban por horas, les robaban sus pertenencias y luego iban a sus casas y las saqueaban.
El Oficial Rene García quien fue presentado ante la “Circuit Court of The Eleventh Judicial Circuit in And For Miami Dade County, Florida, es uno de los cuatro oficiales de la Policía de Sweetwater, a los que se suma un Comisionado de la Ciudad, acusados de tan horrendo ilícito.
Según la fiscalía, los policías actuaban en presunta complicidad con la compañía “Southland, The Towing Company”, una empresa de grúas del sur de la Florida que perteneció a un ex­socio del alcalde de esa ciudad. Las grúas se llevaban sin motivo los automóviles de las víctimas y esos vehículos terminaban en manos de los policías que los vendían o usaban para su beneficio.
Orlando López, Alcalde de Sweetwater, Florida, dijo: “Lo puedo asegurar con toda honestidad, que si hubiera oído todos esos rumores, yo mismo hubiera ido y los hubiera entregado a las autoridades”; y el Jefe de la Policía de Sweetwater, Placido Díaz, sumamente compungido comento: “No hay palabras como describirlo. Es una cosa que yo jamás en mi vida había visto, ni se puede aceptar. Por eso yo como parte del cambio, aquí se han eliminado las celdas. Aquí hace un ano o mas no hay celdas”.

arnoby@elhispanonews.com

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