Panorama político

Por Claudia Herrmann

Si Trump gana en noviembre, va a tener que encontrar una forma de liderar un país donde muchos piensan que él es racista, sexista y poco civilizado.

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Todo indica que nuestra próxima Presidente será Hillary Clinton. Sería la primera mujer en alcanzar el máximo escaño de la política mundial, a menos que se le destape alguna corruptela o se filtre información que resulte ser tan o más grave que el audio que revela a Donald Trump como un depredador sexual. 

Pero no veo un ambiente festivo. De celebración porque finalmente una mujer es Presidente de la única superpotencia que sobrevive en este inicio de milenio. De regocijo porque sienta un precedente para mujeres en la política en otros países. No veo entusiasmo entre los jóvenes y tampoco entre muchas mujeres. No percibo la emoción que permeó en el país después de que un afroamericano, descendiente de padre extranjero, alcanzara la presidencia de Estados Unidos.

El hecho de que Donald Trump sea el candidato republicano revela lo mucho que la gente detesta el establishment político, la nomenklatura que ha pervertido el ejercicio del poder desde hace ya más de dos décadas. De políticas que permiten que los bursatilines de Wall Street lleven al mundo entero a una recesión económica en virtual impunidad. El hecho de que la candidatura de Clinton no logre convencer ni siquiera a muchos demócratas revela la desesperanza porque algo cambie para bien de la población del país.

Trump con sus mentiras flagrantes, su maniqueísmo, su falta de conocimiento e interés por la historia y la geopolítica, su odio a flor de piel, su antagonismo, su misoginia, y su capacidad por despertar los instintos más bajos entre cierto segmento de la población ha logrado crear un antagonismo sin precedentes en el ambiente político. El cambio para mal en las fuerzas del poder. El cuestionamiento de la democracia por él y sus huestes (sobre todo si impugna las elecciones cual cierto mesías tropical mexicano que consistentemente grita ¡fraude! si él o sus candidatos no ganan las elecciones). De ganar Hillary, sólo se escuchará un suspiro de alivio por escapar de lo peor que le esperaría al país. Pero se palpa la desesperanza de más de lo mismo por otros cuatro años. De un sistema que cada vez ofrece menos prosperidad, oportunidades y bienestar a la población.

¿Qué sucederá después del 8 de noviembre? Es probable que más estados se tiñan de azul. Es probable que estados típicamente rojos como Texas vean cómo los cambios demográficos inclinen cada vez más el fiel de la balanza hacia un control demócrata. Tal vez no en 2016 pero sí en 2020.

Preveo más antagonismo en el Congreso federal, sobre todo por los talibanes cristianos del Tea Party que bloquearán cuanta iniciativa llegue de los demócratas si los demócratas no logran afianzarse como mayoría en la cámara baja o en el senado. Probablemente hasta la parálisis del gobierno por las rencillas partidistas en el Congreso en donde ambas facciones no lograrán ponerse de acuerdo en nada. Probablemente la Suprema Corte se quede con los integrantes que están ya que cualquier propuesta de Clinton sería bloqueada.

Donald Trump construirá su imperio mediático a modo con personajes como Sean Hannity y otros personajes de ultraderecha. No vislumbro que a la vuelta de cuatro años vuelva a lanzarse como candidato, pero sí de que, con ese imperio, demuestre que los políticos son títeres de los putrimillonarios como él. Con ese imperio buscará romper el poder que ejercen los demás medios de comunicación y asegurar el ascenso a la presidencia de ultraderechistas como Ted Cruz. Todo ello augura más división en este país.

Hasta la próxima y buena suerte. Claudia Herrmann es Presidente de la Asociación de Mujeres Empresarias y Profesionales de Dallas cherrmann@amepusa.org

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