Padres de familia, no culpes a otros de tus errores

Por: Arnoby Betancourt

El libre albedrío nos faculta para decidir cuando reír, cuando llorar, cuando cantar, y cuando es el preciso momento para actuar.

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Dallas, Texas. Confucio, también llamado el Aristóteles chino, fue un pensador, educador y político muy influyente en la historia de la humanidad, que dijo en alguna oportunidad: “Un hombre que comete un error y no lo corrige, está cometiendo otro error”.

Culpar a otro de lo que te pasa, no te resolverá el problema que tienes. Cada equivocación debes enfrentarla con dignidad y recomponiendo el camino. Hay personas que se la pasan echándole la culpa de todo lo que les sucede a los demás, cuando lo que deben hacer es asumir la responsabilidad que les corresponde por sus errores.
Lo molesto es que asumen el papel “de victimas o de pobrecitos”, y sin escrúpulo alguno, mendigan consideración renegando por la vida que llevan. Acostumbran inventar razones para justificarse y siempre tienen una excusa para evitar ser reprendidos o amonestados.
A este tipo de personas, les encanta despertar lastima, y además, se mentalizan que la vida es cruel e injusta con ellos. Al presentarse como mártires de la sociedad, buscan vivir con la esperanza de que les tengan piedad. Y algunos lo logran, pero transitoriamente, pues tarde o temprano se les descubrirá esa fea forma de vivir.
Cada vez que estas personas creen que los demás son culpables de lo que les ocurre en sus vidas, están comportándose como cobardes. Realmente, estos sujetos, olvidan que cada quien tiene lo que se merece, de acuerdo a lo que se ha forjado. El viejo refrán así lo sentencia: “Recogerás lo que siembres”.
Dicho de otra forma, cada quien es el responsable de su bienestar o de su malestar. Y es así. Porque una persona adulta, sensata e inteligente, debe saber muy bien, que el discernimiento y el libre albedrío, son la responsabilidad de cada cual, y si se utilizan correctamente la vida estará exenta de muchos problemas, y si se presentaren, la persona con buen discernimiento, podrá enfrentar cualquier problema y saldrá exitosamente.
Esas poderosas herramientas, el discernimiento y el libre albedrío, nos fueron dados a todos por igual. Esto significa que tenemos libertad para decidir qué hacer con nuestras vidas, sin estar sujetos a presiones, necesidades o limitaciones; o a predeterminaciones Divinas, porque también es costumbre echarle la culpa a Dios de todo lo que nos pasa.
El libre albedrío nos faculta para decidir cuando reír, cuando llorar, cuando cantar, y cuando es el preciso momento para actuar. Ahí radica la diferencia de cada uno respecto a los demás, seamos bonitos o feos, famosos o anónimos o simplemente pobres o ricos. Todos tenemos el privilegio de tomar nuestras propias decisiones, de acuerdo a nuestro leal saber y entender.
Es un hecho que el ejercicio de la libertad de escoger conlleva la posibilidad de equivocarse, la posibilidad de una elección poco razonable o insensata. La falla no está en el intercambio, sino en la imperfección de la naturaleza humana. Y el remedio hemos de buscarlo en la responsabilidad, es decir en la libertad, que es la fuente de toda experiencia. La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto.
arnoby@elhispanonews.com

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