Fascismo en el siglo XXI

Por Claudia Herrmann

Kim Jong-un y el presidente de Venezuela Nicolás Maduro.

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Claudia Herrmann
Presidente de la
Asociación de
Mujeres Empresarias y Profesionales de Dallas

Si queremos saber porque en la actualidad estamos presenciando el auge de grupos de extrema derecha que abanderan el odio y el totalitarismo, basta con remontarnos a la historia. En la década de los veinte del siglo pasado el fascismo surgió en Alemania y Austria por un amplio sentimiento de desesperanza, pobreza generalizada y falta de oportunidades que embargaba a la población de estos países. Bastó con que llegara alguien carismático como Adolf Hitler y Benito Mussolini que le “dorara la píldora” a la población para que ésta se tragara el “Kool-Aid” lleno del veneno llamado odio racial y con ello se desencadenara la dictadura nazi/fascista y el holocausto.

Lo mismo se puede decir de los demagogos comunistas que no se tientan el corazón para masacrar a sus propios pueblos como lo es el caso de Nicolás Maduro en Venezuela, o de imponer una de las dictaduras más férreas de las que se tiene conocimiento, gastando en armas a la vez que dejan morir a su población de hambre, como lo es el caso de Kim Jong-un y sus antecesores en Corea del Norte.

En el caso de los recientes disturbios en Charlottesville, Virginia, los grupos radicales de la derecha alternativa (“alt right”) y en menor medida de los opositores (“anti-fa”) no surgieron cuando asumió la presidencia Donald Trump. El Ku Klux Klan surgió con la emancipación de los afroamericanos después de la Guerra Civil. Los grupos fascistas de Estados Unidos surgieron en la década de los treinta del siglo pasado básicamente por las mismas razones por las que surgieron en Europa. En la década de los treinta del siglo pasado confluyeron tres factores que permitieron el auge del fascismo en Estados Unidos: la Gran Depresión, el miedo al comunismo en donde hasta reconocidos intelectuales esbozaron la idea de que el fascismo era el menor de los males, y la admiración hacia los alemanes nazis que para fines de esa década no sólo habían logrado sacar al país de la peor hiperinflación, desempleo y hasta hambre en su historia moderna, sino que habían convertido al país en toda una superpotencia industrial y militar con una tasa cero de desempleo.

Al igual que en la Europa fascista, los fascistas nativos veían en los judíos y en los afroamericanos a una amenaza con la que se debía acabar o de lo contrario, éstos socavarían al país. Estos grupos minoritarios fueron el chivo expiatorio hace nueve décadas. En la actualidad el odio racial se dirige hacia los inmigrantes y los que pertenecen a religiones minoritarias: los musulmanes y en menor medida los judíos.

Si bien en la actualidad no se vislumbra una amenaza comunista que se apodere del planeta, habida cuenta de la desaparición de la Unión Soviética y la economía de Estados Unidos crece a un paso estable si bien limitado, si veo algunas señales de alarma. Hoy en día hay mucha mayor desigualdad que cuando llegué a este país en 2001. Si bien las zonas urbanas de Texas gozan de un gran crecimiento económico, lo cual convierte al estado en una potencia económica, hay zonas rurales económicamente deprimidas como el condado de Navarro. Lo mismo se puede decir de otras regiones que sufren de tasas de desempleo perennemente altas, bajos ingresos y de una crisis de adicción a las drogas que finalmente fue declarada como tal por el Presidente Trump. En este tercer lustro del siglo XXI, el enemigo ideológico es China y el temor de que este país acabe con un capitalismo económico estatizado que no da cabida a la democracia política como China, y que además nuestro país acabe siendo presa de los “marxistas culturales” o liberales de extrema izquierda que quieren imponernos hasta cómo debemos lavarnos los dientes.

La actual administración se ha encargado de darle voz y legitimar a los grupos de ultraderecha y quienes empoderados por una retórica cargada de odio racial, se sienten envalentonados para dar rienda suelta a sus prejuicios y recurrir a la violencia. Así como hay discursos que nos elevan e inspiran, hay discursos que corrompen el espíritu. Trump ha servido el Kool-Aid lleno del veneno del odio racial desde que inició su campaña. El efecto estuvo a la vista en Charlottesville.

Hasta la próxima y buena suerte. Claudia Herrmann es Presidente de la Asociación de Mujeres Empresarias y Profesionales de Dallas cherrmann@amepusa.org

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