Facebook y Twitter, las fábricas de mentiras que cambiaron la política mundial en 2016

Por Arnoby Betancourt

En las redes, la verdad no se puede diferenciar de la mentira.

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Los “Fake News” o Noticias Falsas que se vuelven virales son para atrapar incautos e ignorantes. Dallas. El diagnostico de hace décadas “Creemos lo que queremos creer” es palpable hoy día. El ciudadano toma decisiones apuntaladas en datos que poco o nada tienen de ciertos y que campan a sus anchas en las redes sociales. Tal como lo definió la revista Wired, la inteligencia artificial es más artificial que inteligente.  

Hay una realidad irrefutable, el Mundo Informativo Digital es un quebradero de cabeza para todos, ya que ha transmutado la sociedad mundial. Es claro que la gente pasa hoy menos tiempo leyendo prensa y viendo televisión, y más tiempo navegando en internet.
Según un informe que hizo el portal de noticias Buzzfeed, luego del triunfo de Trump en Estados Unidos, se estableció plenamente que hubo una serie de noticias falsas que saturaron Facebook sin que el logaritmo que las procesó y las compartió entre usuarios, hubiese podido establecer si se trataba de una información veraz. De acuerdo con esa información, a esas noticias falsas les fue mucho mejor que a las verdaderas.
Las noticias falsas que terminaron convirtiéndose en virales, sin ruborizarse, dijeron que Hillary le vendió armas a Isis, que el agente del FBI que filtró los correos de Hillary fue asesinado, que Barack Obama es un activista musulmán y que el papa Francisco apoyaba a Donald Trump. Miles de noticias falsas como estas, fueron compartidas en los muros de los 156 millones de usuarios norteamericanos y se posicionaron como tendencia en su sistema de noticias.
Crear noticias falsas y volverlas virales para sorprender a incautos y manipular ignorantes está al alcance de cualquier persona que tenga una computadora o un celular, unos cuantos seguidores en redes sociales y algo de ingenio y creatividad.
Lo que hacen los “fake news” consiste en gritar a los 4 vientos cualquier mentira, esperar que los ignorantes la asimilen, y confiar en que desmentir cuesta demasiado esfuerzo o es simplemente imposible. Ha funcionado siempre, y Adolf Hitler con su asesor Joseph Goebbels la erigieron como una herramienta altamente efectiva en la entronización política del nazismo.
Basta con poner en Google las frases “crear noticias falsas” o “fake news generator” y aparecerán diversas opciones. Además del daño social, algunas de ellas pueden ser vehículos para la transmisión de nocivos virus informáticos.
Las mentiras y la política siempre han ido de la mano. Lo novedoso es que las noticias falsas hayan encontrado en Twitter y en Facebook el escenario perfecto para manipular a los usuarios de las redes sociales, creando así una nueva forma de adoctrinamiento que amenaza con acabar con el pensamiento, la reflexión y el individuo, como lo preconizó Aldous Huxley en su mundo feliz.
En las redes, la verdad no se puede diferenciar de la mentira. Eso nos enseñó este año que termina. Este quedará como el año en el que las redes sociales vencieron a los medios y en el que se posicionó la tecnopolítica.
Esto sucedió en 2016, año en el que las mentiras virales lograron tener un impacto demoledor en los sistemas democráticos, y en el que las noticias falsas alcanzaron con éxito saturar las redes sociales y convertirse en la fuente de información de una gran parte de la opinión pública que terminó votando en las campañas presidenciales y en los plebiscitos, influenciada por esas noticias falsas.
arnoby@elhispanonews.com

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