Quien nos gobernará

Por Claudia Herrmann

Cuestionan a Donald Trump

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En épocas electorales he hecho una semblanza de los candidatos a presidente de Estados Unidos, México y otros países, así como a otros cargos de elección popular. Nunca me he pronunciado a favor o en contra de un candidato o candidata. Creo que los electores tienen muchos recursos informativos a la mano como para tomar una decisión informada y racionalizada sobre qué personas desean que los gobierne.

En el caso de Donald Trump y de Hillary Clinton, ambos son personajes por demás conocidos por la opinión pública desde hace décadas. No hay mucho que pueda yo decir de la trayectoria de cada uno de ellos, que no se haya dicho con mayor o menor amplitud en todos los medios sociales y de comunicación. Los medios sociales han puesto en evidencia sus aciertos y errores, sus pecados grandes y pequeños, sus verdades y sus mentiras.

Personalmente, ninguno de los dos se me ha hecho un candidato idóneo para liderar este país y al mundo entero. A quien le guste o no, el (o la) Presidente de Estados Unidos es el (la) líder de todo el mundo. Sin embargo, mi voto será para Hillary Clinton.

Ya es materia del dominio público la misoginia de Trump. Los comentarios despectivos hacia todo tipo de mujeres, incluyendo reporteras como Megyn Kelly, la ex Miss Universo Alicia Machado, su antigua contendiente por la nominación republicana Carly Fiorina, la comediante Rosie O’Donnell y hasta su propia hija son una vergüenza. Trump dejó de ser una opción viable en el momento en el que comenzaron a repetirse sus crudos ataques hacia estas y otras mujeres. ¿Pero ufanarse de acosar sexualmente a las mujeres? Eso es llevar la misoginia al extremo. Como mujer me siento profundamente ofendida.

Alguien que se jacta de acosar sexualmente a las mujeres como lo hizo Trump y además en los términos vulgares y despectivos en que lo hizo, sencillamente no tiene nada que hacer en la presidencia de un país. El audio que contiene sus crudos comentarios data de 2005, cuando estaba recién casado con Melania, su actual esposa. El acoso sexual es un delito. Si se penalizara como debería, probablemente se tendrían que construir miles de cárceles más para albergar a la horda de misóginos que piensan que las mujeres no somos más que un juguete sexual.

El que un hombre busque relaciones extramaritales con cuanta mujer se deje (cosa que en aquel entonces parecía ser el modus operandi de Trump), por lo que infiero de sus comentarios, para mi significa traición y amoralidad. Traición al principio de la fidelidad marital. Traición a la confianza de su pareja. Traición a los valores y principios que ostensiblemente les inculca a sus hijos. Falta de valores éticos. Ausencia de una brújula moral que guíe sus actos. Una profunda falta de respeto, hacia las mujeres y hacia sí mismo. A alguien así no se le puede encomendar un trabajo que conlleva tanta responsabilidad como la presidencia de Estados Unidos, que requiere que quien ocupe la silla se conduzca con los más altos estándares éticos.

Quienes alguna vez hemos padecido el acoso sexual, sin importar si es “leve” (por ejemplo un comentario/mirada lascivos) o grave al grado de constituir un delito (tentativa de violación), conocemos el sentimiento de vulnerabilidad, vergüenza, culpabilidad y el profundo golpe a nuestra autoestima que deja en nosotras un acto tan deleznable como ese. Ningún hombre tiene derecho de infligir ese dolor a una mujer. Ninguna mujer debería padecerlo. El permitir que un acosador sexual llegue a la presidencia equivaldría a empoderar y darle carta blanca a todos los depredadores sexuales que andan sueltos por ahí. Está en nosotros el impedirlo… con el poder de nuestro voto.

Hasta la próxima y buena suerte. Claudia Herrmann es Presidente de la Asociación de Mujeres Empresarias y Profesionales de Dallas cherrmann@amepusa.org

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