QUE DICE LA VOZ DEL PUEBLO SOBRE EL “ITIN”

Por Arnoby Betancourt

“De hecho, el ITIN es un número que solo te da un derecho: pagar impuestos. Nada más, ni cambia tu estado migratorio, ni te da derecho a seguro social ni nada de nada, solo a pagar. En la industria de servicios de Estados Unidos es normal que los empleadores lo soliciten para dar trabajo y no meterse en problemas con el fisco”.

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Muchos analistas sociales y dirigentes comunitarios se preguntan del porque no se va más allá, y se ausculta, además del tema del Número de Identificación Personal del Contribuyente, “ITIN” por sus siglas en inglés, los problemas de corrupción que se podrían haber ignorado en cuanto a los millones de dólares que podrían haber retenido los empleadores a aquellos trabajadores que laboraron con documentos no expedidos legalmente por las agencias federales; o sobre aquellos empleadores que se aprovecharon del estado de indefensión del trabajador que carecía de un seguro social y no les pagaron sus salarios ni sus beneficios sociales.

Un curtido jornalero que ha conocido innumerables abusos de empleadores comentaba: “La cosa es así: eres recién llegado y te dan trabajo en un restaurante, pero al final del mes te piden cínicamente el número de seguro social para pagarte. Claro que no tienes seguro social. Eres indocumentado. Entonces, el dueño del lugar te dice: ‘entonces no te puedo pagar. Conocí un caso de unos negocios donde a ninguna cocinera ni mesera le habían pagado en tres meses. El dueño decía que no podía pagar, porque el IRS (el Servicio de Impuestos Internos de Estados Unidos) lo iba a fregar”.
Hasta ahora, hemos hablado de la estafa común, del no te pago. Sin embargo, poco a poco nos adentramos en otras estafas más complejas, otro dinero perdido, incluso, en manos del gobierno estadounidense. La pauta para alejarnos del timo más vulgar la da Gabriel Camacho, de American Friend Service Committee, que tiene 38 oficinas en Estados Unidos.
“El robo de salarios se encuentra en todos los servicios, dice Camacho, pero también los trabajadores indocumentados muchas veces presentan nombres y números de seguro social falsos para que les paguen con cheque, y muchas veces en ese cheque no les incluyen las horas extras, y ellos no saben calcularlas. El “overtime” casi nunca se paga en la industria hotelera y de construcción”.
“Para agregar un poco a lo de los trabajadores agrícolas, comento otro jornalero, lo que ocurre es que quienes los emplean son intermediarios, y ellos son quienes les pagan o retienen el sueldo. El dueño se lava las manos. Hay una constante: migrantes contra migrantes. O, más bien: migrantes con experiencia versus migrantes con menos experiencia”.
“Ahora, aquí viene lo complejo. Hay dos formas de pago: en efectivo y en cheque. Esta última es la que más se usa en restaurantes y fábricas. Entonces, la persona se inventa un número de seguro social para que le paguen. Eso significa que la persona está contribuyendo al fondo de retiro social con un número fantasma, pero como el número y el nombre no coinciden, ese dinero va a parar a un fondo que se llama “suspended funds”. Ve a ver de cuánto es ese monto”, acoto el jornalero. “Es de cientos de billones de dólares”, comento otro contertulio.
El experimentado jornalero continuo: “Y así podemos seguir sumando. Vos, aunque seas indocumentado, pagas al comprar alimentos, al rentar propiedades. Finalmente, la Administración de Rentas Internas emite un número que se llama ITIN (Individual Tax Identification Number). El Gobierno Federal está dispuesto a recibir tus impuestos aunque seas indocumentado, pero ese número no te sirve para conseguir trabajo legal, es contradictorio”.
“De hecho, el ITIN es un número que solo te da un derecho: pagar impuestos. Nada más, ni cambia tu estado migratorio, ni te da derecho a seguro social ni nada de nada, solo a pagar. En la industria de servicios de Estados Unidos es normal que los empleadores lo soliciten para dar trabajo y no meterse en problemas con el fisco”, comento finalmente.
En la conversación una laboriosa mujer se atrevió a comentar: Hay un nuevo método de estafa. Les dan una tarjeta, como de débito, y ahí les ponen el salario, pero ellos no tienen manera de saber cuántas horas le pagaron, si ahí va su “overtime”. Lo hacen con gente que acaba de llegar, gente a la que le cuesta manejar el PIN de su tarjeta y que de ninguna forma van a calcular el porcentaje y las horas extras que les deben. Es una excelente forma de confundir”.
Y siguió hablando: “Ahora imagínese a un campesino sin estudios y que nunca ha vivido en una ciudad llegando a un país en el que no habla el idioma. Imagínelo recibiendo una tarjeta de débito con todas sus palabritas en inglés. Imagínelo un buen día escuchando de su jefe decir que ya le pagaron, que todo está en la tarjetita que le dieron, que vaya y cobre y que saque sus porcentajes de horas pagadas. Imagínelo frente al cajero de un centro comercial de cualquier gran ciudad de EE.UU.”.
“Pone un PIN, digita una cantidad, le sale dinero y un papelito que con palabritas en inglés dice un montón de cosas y pone una serie de montos. El cajero le pregunta cosas, si quiere hacer esto o aquello, y el señor no sabe exactamente qué le están preguntando ni si la transacción ya terminó o si hizo algo mal y si ese cajero le comió algo de su dinero. Imagínelo ahora haciendo cálculos o reclamando a su jefe con ese papelito en mano. Imagine las decenas de opciones que existen para confundir más a ese señor con ese papelito en mano. Imagine que finalmente usted puede decirle que total es indocumentado y o se conforma o se va”, asevero en tono melancólico.
Otra mujer que estaba en el conversatorio se animó a contar algo que había conocido: “Pero hay cosas peores. En New Bedfore, Massachusetts, por ejemplo, hay un área donde hay sobre todo guatemaltecos mayas que ni hablan español. Es una de las peores situaciones. Es la nueva esclavitud. O a las empleadas domésticas. Es otro sector bien vulnerable”.
Y agregó: “A la gente rica le encantan las domésticas salvadoreñas (‘sobre todo a las judías’, dice una voz de mujer). ¿Eres salvadoreña? “It’s ok”. Porque comienzas tu día a las 5 de la mañana y, si a medianoche el patrón quiere un café o un té, te tienes que levantar. Y el cuento no termina ahí. Luego te dicen: ‘te vamos a pagar 500 por semana, pero de ahí te vamos a descontar el cable, la luz… ¡Pero si no ven cable, están todo el tiempo trabajando!
Y siguió hablando: “Hay una señora de Guatemala que, aunque tiene permiso de trabajo, la señora judía no le quiso pagar y la acusó de haberse robado unos euros. Ahora la pobre no se puede hacer ciudadana porque tiene una felonía bien grande. Y eso que ella tiene permiso, imagínate qué fácil es deshacerte de una que no tiene permiso acusándola de ladrona”.
arnoby@elhispanonews.com

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