Guerra cultural

Por Claudia Herrmann

La absurda guerra cultural que se libera en Texas son las leyes SB3 y SB91 (llamadas “ley de baños”), así como la ley SB4 (contra las ciudades santuario), también llamada “ley muéstrame tus papeles”.

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Claudia Herrmann
Presidente de la
Asociación de
Mujeres Empresarias y Profesionales de Dallas

Al parecer los seres humanos somos incapaces de superar al pequeño cocodrilo de la era paleozoica que llevamos adentro y que habita (y a veces domina) nuestro sistema límbico. Ello se traduce en la incesante necesidad que tenemos de pelearnos. De entrar en pequeñas o grandes guerras. Y aún en períodos de relativa paz, donde podemos respirar con meridiana tranquilidad, no podemos evitar comenzar pequeñas guerritas. Sencillamente somos incapaces de permitir que en nosotros actúe nuestro yo superior colectivo en lugar de nuestra mente reactiva.

De tal suerte, habida cuenta que Estados Unidos por lo pronto no está involucrado en alguna guerra en tierras ajenas (aunque eso podría cambiar si un día Kim Jong-un amanece de malas y echa un misil a su país vecino o los dioses del Olimpo no lo quieran, a Estados Unidos o a alguno de sus territorios), tiene que inventarse guerras culturales intestinas.

Ello explica la bizantina guerra campal entre quienes desean deshacerse de todo el pasado confederativo del país y quienes pensamos que los monumentos confederados deben permanecer donde están, así sea y precisamente porque nos recuerdan nuestra ignominiosa historia, to en aras de no repetirla jamás.

Demócratas y republicanos se sacan los ojos sobre la Ley de Salud Asequible, conocida como Obamacare. Por un lado están quienes la defienden a capa y espada porque efectivamente han podido obtener primas más accesibles en un país donde los servicios de salud privados son ridículamente caros. Por el otro lado están quienes piensan que los servicios médicos no requieren gestión gubernamental alguna y que el mercado determinará su precio justo.

Otro ejemplo de la absurda guerra cultural que se libera en Texas son las leyes SB3 y SB91 (llamadas “ley de baños”), así como la ley SB4 (contra las ciudades santuario), también llamada “ley muéstrame tus papeles”. La comentocracia gasta ríos de tinta escribiendo en pro y en contra de estas leyes. Generan un clima de miedo por su contenido racista y discriminatorio. Los encendidos ánimos alrededor de estas legislaciones han causado que hermanos y otrora amigos se dejen de dirigir la palabra. Enfrenta a anglosajones con latinos y otras minorías étnicas. Preocupa a las empresas quienes ya se están cuestionando la sabiduría de establecerse en Texas o de ampliar operaciones en el estado. Causarán que se despilfarren decenas de millones de dólares que mejor deberían destinarse a infraestructura o educación, ya que éstos acabarán en los bolsillos de manadas de abogados ante las inevitables demandas judiciales que ya se están interponiendo.

No parece haber medias tintas. O somos “liberales” (demócratas) y por lo tanto estamos en el extremo de desear algo así como un gobierno comunista que controla hasta cómo debemos cepillarnos los dientes, pero eso sí con nuestras libertades civiles intactas, o somos “conservadores” (republicanos) y consiguientemente somos defensores del libre mercado sin ley alguna más que la de la oferta y la demanda, y enemigos hasta de la más mínima intervención del estado. Ambos términos han adquirido tintes progresivamente negativos, precisamente por las voces estridentes que se erigen en ambos lados del espectro. Las voces de los que propugnan por el imperio de la razón y la mesura son ahogadas en un miasma de ensordecedores gritos y vociferaciones provenientes de un lado y del otro de la acera. Ya no hay cabida para la moderación.

El sentido común, de suyo escaso, brilla por su ausencia en el discurso político. La guerra cultural que se libra desde hace unos años a la fecha ha polarizado exponencialmente al país. Lejos de propiciar un diálogo en donde podemos convenir en estar en desacuerdo y respetar el punto de vista opositor, propicia la violencia verbal, cibernética y hasta física. A este paso, Estados Unidos se está convirtiendo inexorablemente en una república bananera.

Hasta la próxima y buena suerte. Claudia Herrmann es Presidente de la Asociación de Mujeres Empresarias y Profesionales de Dallas cherrmann@amepusa.org

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