Un gobierno muy “maduro” en EE.UU.

Por Arnoby Betancourt

El presidente Trump.

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ARNOBY BETANCOURT
Director de la
Escuela Comunitaria de Derechos Humanos de Texas

Después del juramento del Presidente Donald Trump, al mediodía del viernes, dos de las primeras acciones que tomaron sus subordinados fue bajar de la página oficial de la Casa Blanca los espacios dedicados a los riesgos  del cambio climático y a los derechos de las comunidades LGTB. 

Lo primero es una burla a la ciencia y una negación de lo evidente; lo segundo confirma su desprecio por la igualdad entre todos los seres humanos. Ah, también quito la página web en español.
EE.UU. fundó su derecho a defender ciertos ideales en algunos principios básicos: la fraternidad y los derechos humanos; el respeto a la razón y al conocimiento científico; el libre comercio; la libertad de expresión y de prensa; el respeto por las mujeres, los gays y las minorías. Todos estos principios han sido negados por el nuevo Presidente, y sus nombramientos y primeras actuaciones solo hacen presagiar momentos oscuros y violentos para EE.UU. y el mundo.
Nacionalismo agresivo y furia contra la clase dirigente de Estados Unidos. En eso se enfocaron las 1400 palabras que utilizó Donald Trump en su primer discurso, tras ser posesionado como presidente 45° de ese país. A esa conclusión llegan varios expertos que dejaron claro que el magnate habló, principalmente, para sus votantes, quienes pidieron un cambio radical, sin tanto “adorno”, pero que en últimas es el fiel retrato del populismo que encarna.
Mike Cornfield, profesor de la Universidad George Washington, sostuvo que la posición del magnate fue de “confrontación” y de populismo clásico”, como le gusta a seguidores. Sin embargo, agregó a la BBC Mundo que el de ayer es “el más iracundo discurso de posesión presidencial estadounidense alguna vez escuchado” porque durante los 18 minutos que duró su intervención llamó al egocentrismo, al invitar a sus compatriotas a pensar solo en ellos; al insistir en levantar barreras para proteger sus fronteras, en lugar de tender lazos y en reprochar el trabajo de sus antecesores.
Incluso, hubo quienes comentaron que el puño alzado, en las escalinatas del Capitolio, al fin de su discurso, rompió con la solemnidad del acto. Las palabras de Trump cayeron mal no solo en sectores progresistas del país norteamericano, sino en otros países. En una seguidilla de trinos le recordó que el pueblo no fue el que lo eligió, pues su rival Hillary Clinton lo superó en las urnas por más de dos millones de votos, aunque no consiguió el apoyo de los colegios electorales que son los que ponen al Presidente.
El discurso presidencial no pudo reflejar mejor la personalidad del autor. Él, es el principio de la creación y lo que hicieron los seis antecesores que estaban presentes en la ceremonia no cuenta, estuvo mal hecho o hay que borrarlo de un plumazo. Como ningún presidente de los Estados Unidos, quienes siempre reconocieron el progreso y hablaron de la esperanza, describió a su país como una carnicería que debe terminar.
Y llamó al pueblo, en un discurso que por momentos parecía escrito por Nicolás Maduro: Ese pueblo olvidado, pisoteado, empobrecido, ignorado, será el que gobierne en adelante. Es decir, el poder de Washington, del Congreso en un país con un sistema parlamentario, ya no existe.
Ahora manda él y las mentiras también valen. Le tiene sin cuidado que hubiera perdido por más de dos millones de votos, porque el complejo sistema electoral lo haya llevado a la presidencia. Lo tiene sin cuidado que su Nación está más dividida que nunca. Lo que necesita es respaldo popular para poder hacer lo que a él le interesa, aprovechando el descrédito de los políticos
Según dice el Washington Post, Trump ha conformado “el peor gabinete de la historia norteamericana”. No porque los ministros sean súper ricos, lo cual no es per se un motivo de crítica o descalificación, sino por razones más fundamentales: “nunca antes un presidente había reunido un conjunto tan notable de personas que no tienen las calificaciones para sus puestos o están dedicados a criticar las políticas de las agencias que van a dirigir, además de tener enormes conflictos de interés”, afirma un comentarista de ese periódico.
La prensa norteamericana ha hecho extensos análisis sobre la trayectoria y las posiciones de los secretarios de Trump, y lo más preocupante es su inexperiencia en el sector público, como tampoco la tiene el mismo presidente, y que lo que se demuestra es que el problema no es el tamaño de su cuenta bancaria sino que sus políticas son contrarias a las necesidades de los trabajadores y están orientadas a aumentar su riqueza y la de sus amigos.
El Secretario de Trabajo es el propietario de una cadena de comidas rápidas que se opone a aumentar el salario mínimo y es un abanderado de disminuir las regulaciones que protegen a los trabajadores y suben los costos laborales a las empresas.
Como dicen en la Coalición de Organizaciones Mexicanas, COM: “Con Trump la plutocracia de extrema derecha se tomó el poder y lo va a utilizar para seguir enriqueciendo a los más ricos”.
arnoby@elhispanonews.com

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