Monumentos históricos

Por Claudia Herrmann

Estatua de George Washington

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Claudia Herrmann
Presidente de la
Asociación de
Mujeres Empresarias y Profesionales de Dallas

“El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla” – George Santayana

En esta era de lo políticamente correcto, de no querer ofender a nadie, de no saber ya lo que es llevar un diálogo abierto y franco, se ha puesto en boga borrar un pasado percibido como vergonzoso: el de la República Confederada. De tal suerte varias ciudades como Nueva Orleans y Virginia han votado por retirar los monumentos que datan de esa época, particularmente las estatuas y las banderas confederadas.

Otras naciones como Alemania asumen el genocidio de más de seis millones de judíos, otras etnias y minorías que perpetraron los nazis en el siglo pasado, como un capítulo vergonzoso y horripilante de su historia. Los alemanes saben que los monumentos que quedan del nazismo deben servir de recordatorio a la humanidad para jamás volver a cometer otro genocidio. Los alemanes no derribaron el campo de concentración de Dachau donde perecieron cientos de miles de personas. Hoy en día es un museo en el que de manera gráfica las generaciones que nacimos después de la Segunda Guerra Mundial podemos ver los horrores a los que fueron expuestas las víctimas del nazismo, y con el conocimiento de que tenemos la capacidad de evitar otro genocidio. En todas las ciudades alemanas se ven placas en las calles, colocadas frente a edificaciones en donde vivían los judíos que contienen los nombres y fecha de desaparición o muerte de estas víctimas. Uno de los monumentos más impactantes que he visto es el museo del holocausto en Berlín. A nivel de tierra se aprecian hileras simétricas con cajas rectangulares de concreto que simulan ataúdes en conmemoración de los que perecieron en el holocausto, y en la parte subterránea se encuentra el museo.

Las estatuas, banderas y otros monumentos confederados deben fungir como un recordatorio de lo que el racismo generó en épocas pasadas y lo que genera aún hoy en día. Actualmente existen muchas personas que lastimosamente odian a las personas de color obscuro, a las personas que profesan una religión distinta a la de ellos, a las personas que emigramos de países menos desarrollados. Ellos le rinden tributo al prejuicio racial. Honran la discriminación religiosa y cultural. Eso es lo que debemos erradicar, no una estatua o una bandera. Y por supuesto que no lo vamos a lograr enterrando el pasado.

Debemos preocuparnos y ocuparnos del racismo que vemos en todas partes: atentados en contra de sinagogas y mezquitas, ataques en contra de museos de cultura o iglesias afroamericanas, ataques en contra de individuos pertenecientes a minorías raciales, culturales, étnicas y religiosas.

No me molestan las banderas confederadas, no veo nada atemorizante en una estatua que conmemora a alguien que vivió hace 150 años o en un museo que alberga reliquias de esa época. Son más temibles los discursos cargados de odio que salen de la pestilente boca de “líderes” políticos y de opinión, comenzando por la del Presidente Trump. Da más miedo la retórica racista en redes sociales, las agresiones en los campus de las universidades, ataques que pueden ser calificados de terroristas en diversos lugares, asesinatos de personas afroamericanas o hispanas a manos de algunos malos policías, y asesinatos de policías motivados por el odio racial.

Somos un país de libertades: de tránsito, de expresión, de religión, de pensamiento. Valoramos nuestra herencia histórica, nuestra diversidad, nuestras tradiciones. Eso es lo que debemos enaltecer, eso es lo que debemos defender, eso es lo que debemos honrar.

Hasta la próxima y buena suerte. Claudia Herrmann es Presidente de la Asociación de Mujeres Empresarias y Profesionales de Dallas cherrmann@amepusa.org

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