Alectinib y Abiraterona, extienden la vida de personas con cáncer de pulmón y próstata

Por Arnoby Betancourt

Con la estrategia de añadir abiraterona, por el contrario, “hay más bloqueo androgénico”, señala el oncólogo Mauricio Lema.

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Dallas, Texas. Estudios recientes muestran que dos terapias, alectinib y abiraterona, extienden la vida de pacientes con estos tumores. Científicos y expertos en oncología de todo el mundo se reunieron el fin de semana pasado en Chicago para compartir los más importantes avances en cáncer durante el congreso anual de oncología clínica ASCO. En el encuentro, los estudios más comentados mostraron impresionantes avances en el cáncer de pulmón y de próstata, que afectan a 160.000 personas cada año.

En próstata, una de las investigaciones que más llamó la atención fue Stampede, adelantada por científicos de la Universidad de Birmingham en 2.000 pacientes con este tipo de cáncer. En el estudio, encontraron que al usar el medicamento abiraterona junto con el tratamiento estándar, que consiste en una terapia para bloquear la testosterona producida en los testículos, se puede doblar la expectativa de vida en aquellos pacientes con enfermedad avanzada. Además podría ‘curar’ a pacientes menos críticos.
Sumantha Kumar Pal, oncólogo clínico de ASCO, explicó que el crecimiento del cáncer de próstata está ligado a la producción de testosterona. Por eso “parte del manejo consiste en darles inhibidores hormonales que detienen la producción de testosterona en los testículos”. Pero esta terapia no bloquea toda la producción hormonal que sigue elaborándose en bajas dosis en otros órganos del cuerpo. Por eso en la práctica, estos tratamientos no son suficientes.
Con la estrategia de añadir abiraterona, por el contrario, “hay más bloqueo androgénico”, señala el oncólogo Mauricio Lema. La razón es que este medicamento detiene la producción de estas hormonas en el resto del organismo al inhibir una enzima crucial en su elaboración. “La abiraterona busca otros andrógenos y los bloquea antes de que se produzcan”, añade.
La idea es que al combinarla con la terapia de privación androgénica se podría controlar la producción de estas hormonas aún más y detener así la progresión de la enfermedad. En efecto, después de 40 meses de estudio en el grupo con la terapia convencional, el 76 por ciento de los pacientes lograron superar los tres años, mientras que el 83 por ciento rebasó este tiempo en el grupo al que se le añadió abiraterona. Los efectos secundarios fueron muy similares para ambos grupos.
De igual forma, se encontró que los pacientes con cáncer de próstata a quienes se les ha expandido a los huesos y otros órganos como el pulmón pueden duplicar su expectativa de vida de tres años y medio a siete. “No solo se prolonga la vida, sino que disminuyó el riesgo de recaída en 70 por ciento y el de complicaciones serias al 50 por ciento”, dijo Nicholas James, autor del trabajo y profesor de oncología clínica del Hospital Reina Isabel de Birmingham, Reino Unido. “Son resultados que se dan una vez en la vida”, agregó.
La abiraterona no es una nueva droga. Los médicos la utilizan para cuando la enfermedad está avanzada y ya no hay respuesta al tratamiento convencional. Pero con estos resultados se espera que ahora se use como medicamento de primera línea. Para Mauricio Lema, este fármaco “es un tremendo ‘hit’, pero el problema será quién la va a pagar pues es una pastilla que vale millones”.
El otro estudio, conocido como Alex, comparó dos medicamentos para cáncer de pulmón de células no pequeñas, positivo para ALK, un tipo de alteración presente en el 5 por ciento de los casos. Las drogas estudiadas fueron crizotinib, que es el estándar de tratamiento para estos pacientes, y alectinib, un medicamento de segunda generación que fue aprobado por la FDA en 2015.
La conclusión del estudio, dirigido por Alice Shaw, directora de la Unidad de Oncología del Tórax del Massachusetts General Hospital en Boston, es que si se da alectinib en primera línea luego de la cirugía, los pacientes podrían vivir un año y medio más que con la otra terapia. “La eficacia y seguridad establecen que alectinib es el nuevo estándar de tratamiento en estos pacientes”, concluyó la experta.
Según el médico oncólogo Andrés Cardona, el tiempo global de vida que da crizotinib está alrededor de 4,2 años y “con alectinib es de 5 a 6 años”. Aunque se observaron efectos secundarios como fatiga, estreñimiento y dolores musculares, estos fueron considerablemente menores que con la otra medicina.
El estudio fue hecho en 303 pacientes con este tipo de cáncer en estadios avanzados y que no habían sido tratados previamente con ninguna terapia. Luego de 30 meses de investigaciones, la progresión de la enfermedad en aquellos que recibieron alectinib fue más lenta: en promedio volvió a los 26 meses de haber iniciado tratamiento; con crizotinib fue a los diez meses.
Estos pacientes tienen alto riesgo de metástasis en el cerebro, “uno de los aspectos más debilitantes de esta enfermedad”, dice John Haymach, oncólogo del MD Anderson que comentó el estudio. Esta droga también resultó ser más potente para penetrar la barrera cerebral al detener la progresión de tumores en ese órgano. “Con crizotinib esa probabilidad es de 40 por ciento, mientras que con alectinib resultó ser 9 por ciento, es decir, cuatro veces menos”, señalo el oncólogo.
Ambos estudios son buenas nuevas. En cáncer de pulmón, una enfermedad que hace un par de décadas tenía expectativa de vida de menos de 12 meses, ahora al ver cómo un grupo de pacientes puede beneficiarse de una terapia que extiende la vida por seis años, es “dramático”, dice Heymach. Lo mismo sucede en cáncer de próstata cuyo tratamiento, según Karim Fazizi, científico de la Universidad Parias-Sud en Villejuif, Francia, no tuvo grandes modificaciones en 70 años hasta 2015, con una quimioterapia y “ahora en 2017 cuando se muestra que abiraterona ayuda a los pacientes a vivir más”.
arnoby@elhispanonews.com

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