El liderazgo de la perversidad

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El liderazgo de la perversidad

Donald Trump es indigno para ser presidente

La historia hay que conocerla para no repetir sus horrores. Repasando tanto ególatra desequilibrado mentalmente, Hitler y Trump, parecen gemelos. Sus conductas son similares, plagadas de megalomanía ((delirios de riqueza, poder y omnipotencia). Hitler desarrolló una personalidad primitiva, incapaz de experimentar empatía, sedienta de odio.

Fue diagnosticado peligrosamente sicótico y con un trastorno antisocial de su personalidad. Esta patología hitleriana pareciera muy inmersa en las conductas y comportamientos del candidato republicano. La locura de algunos líderes, podría haber sido la causante de la centuria más atroz de la historia de la humanidad: En el siglo XX hubo más de 100 millones de muertos, más de 50 millones de personas viviendo lejos de sus casas. Y de manera increíble, aún no aprendemos a convivir respetuosamente.

Desde Carolina del Norte,  Trump afirmó que los amantes de las armas tienen en sus manos parar a Clinton.  Es un acto de perversidad ajustado a una “legalidad”, ya que a pesar de incitar soslayadamente a la violencia contra la primera mujer candidata a la presidencia de EE.UU., se escuda con el tema de la Segunda Enmienda. La perversión como el arte de confundir, le permite al candidato republicano instalar en las conductas de los recalcitrantes “Pro-armas”, una apología al delito. Es entendible que una persona como Trump padezca de dificultades mentales, pero no lo es, que personas sanas se crean los cuentos que construye con su maldad, y es aquí donde surgen muchos interrogantes.

El más alarmante, por qué en una sociedad altamente civilizada, un líder enfermo y  perverso, logra el milagro de embrujar a sus seguidores. Debemos tener muy en cuenta, que las emociones son más poderosas que el razonamiento, y por eso, de nada vale la inteligencia cuando el fanatismo o cualquier instinto primario se apoderan del ser humano.

El perverso propone y el dependiente acepta. El médico colombiano de Univalle y psiquiatra  de Harvard, Carlos E. Climent, quien se desempeñara como miembro del Panel de Expertos en Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud, habla de los seres mediocres que sufren de un severo trastorno mental denominado narcisismo. Estos son capaces de crear, por las más oscuras razones, una imagen grandiosa de sí mismos que mucha gente se cree y que ellos mismos terminan creyéndose.

El enfermo narcisista lo caracteriza su voracidad por el poder; su arrogancia y prepotencia; su egoísmo y su frialdad; su indiferencia por el dolor ajeno; su deslealtad respecto a la amistad, las ideas, los partidos, los socios, los subordinados; su capacidad calculada para traicionar y sacrificar al que se atraviese en el camino de sus ambiciones; y es capaz de atacar con la fuerza de la irracionalidad a quien se le opone.

Climent fue claro al decir que Donald Trump es la caricatura del peor de los narcisos, astutamente ha incitado al odio de clases, latente en el alma de muchos. Gane o pierda las elecciones, ya pasó a la historia como el personaje oscuro sin ideas que detecto que lo que había que explotar en la gente eran dos de sus más oscuras pasiones: La xenofobia y el racismo. Ese diagnostico fue corroborado con la frase “Le puse lápiz labial a un cerdo” expresada con remordimiento por Tony Schwartz, el escritor de “El Arte de la Negociación”, libro que dio pie al mito de Donald Trump. En reciente entrevista concedida a la revista New Yorker, Schwartz, dio su visión del candidato republicano y alertó sobre a quien considera “un peligro para el planeta”. En últimas, el ciudadano elector será el responsable del liderazgo que quiere para los Estados Unidos.

Arnoby Betancourt

Organizador Comunitario

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