Animales de manada

Por Claudia Herrmann

Hoy en día, volar se ha convertido en una verdadera tortura china para los millones de pasajeros.

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Claudia Herrmann
Presidente de la
Asociación de
Mujeres Empresarias y Profesionales de Dallas

En el mundo animal no humano hay algunas especies de depredadores que se caracterizan por cazar en manada. Las hienas manchadas son un ejemplo de ello. Son animales que a muchísimas personas les resultan desagradables por su aspecto físico, sus hábitos carroñeros y su fama de oportunistas, que han contribuido en gran medida a su mala reputación en gran parte del mundo. Otros animales son imitadores: lo que hace uno lo hace toda la manada. El mejor ejemplo son los ñus que cada año atraviesan el río Mara en la región de Maasai Mara. Un animal comienza por zambullirse en el río y pronto le siguen miles de animales a pesar del riesgo de caer en las fauces de los hambrientos cocodrilos que los esperan.   

Las aerolíneas son animales que operan como una manada. Operan exactamente como las hienas en el sentido de que se abalanzan con voracidad sobre sus presas que son los indefensos pasajeros, quienes por las razones que sean se ven obligados a usar los aviones como medio de transporte. Y operan exactamente como los ñus, porque lo que hace una aerolínea pronto es imitado por las demás. En este juego de imitación los que salen perdiendo son indefectiblemente los pasajeros.

Hace treinta años, Northwest Airlines descubrió que podía ahorrarse $500,000 al año al cortar un limón en 16 gajos en lugar de diez. American Airlines se ahorró más de $100,000 al quitar una aceituna de las ensaladas que servía a sus pasajeros. En 2001 esta misma línea aérea dejó de servir alimentos en clase turista. Pronto le siguieron todas las demás aerolíneas.

Desde entonces, las aerolíneas se han vuelto extremadamente creativas para exprimir al máximo a sus pasajeros y convertir sus viajes en una experiencia miserable. En 2009 las aerolíneas comenzaron a cobrar recargos por vuelos en temporada alta, por ejemplo en navidad o el día de acción de gracias, etc. En 2008 American Airlines descubrió que podía ganar jugosas cantidades de dinero al cobrarle a sus pasajeros $15 –en aquel entonces- por la primera maleta documentada, cantidad que en la actualidad es de $25. Las demás aerolíneas pronto imitaron esta detestable práctica. En 2014, las aerolíneas estadounidenses han ganado $2.6 mil millones de dólares por las maletas documentadas. Con la modernización tecnológica, las aerolíneas también echaron mano de su “creatividad” al cobrar por la impresión de los pases de abordar. También decidieron castigar severamente a los pasajeros por cambios de vuelo, con penalidades de $200 en promedio, más el “ajuste de tarifa” – al alza por supuesto.

En otro desplante de creatividad, en 2010 las aerolíneas descubrieron que, cuando tienen la opción, los pasajeros en clase turista prefieren sentarse en la parte delantera del avión y en asientos de pasillo. Así que comenzaron a cobrar por esos asientos, que básicamente abarcan la tercera parte delantera del avión. Asientos que apenas se adaptan al tamaño de un hombre o una mujer de tamaño y peso promedio. Los demás asientos son ridículamente estrechos y la separación entre los asientos hace que cualquier persona con una estatura mayor a 1.75 metros (5.75 pies) tenga que encoger las rodillas que chocan con el asiento delantero. ¡Y ahora piensan en reducir el espacio aún más para meter una línea de asientos adicional! La sobreventa de boletos es práctica común. Es la que llevó al escándalo en torno a United Airlines suscitado por la remoción forzosa de un pasajero ya sentado en el avión para asignarle su asiento a un sobrecargo de la aerolínea. Ahora decidieron cobrar por la colocación del equipaje de mano en los compartimientos superiores de la cabina.

Me pregunto que seguirá. Tal vez comiencen a cobrar el contaminado aire reciclado que por necesidad todos debemos respirar. ¿Tal vez cobrar por el uso de los excusados? ¿Qué tal cobrar una tarifa por hacer un check-in temprano o por el web check-in? ¿O una tarifa por ocupar un asiento reclinable y hacer la mayoría de los asientos no reclinables? ¿O una penalidad por no comprar el seguro por el vuelo (el seguro que por cierto cubre cancelaciones atribuibles a la aerolínea)? Otras ideas: cobrar una tarifa extra a aquellos pasajeros que están afiliados a programas de viajero frecuente de aerolíneas de la competencia y una penalidad por pagar con tarjetas de crédito que no sean las de la aerolínea por la que se viaja. En fin, ideas para hacer aún más desagradable la experiencia de volar de seguro abundan en las retorcidas mentes de los ejecutivos de las aerolíneas.

Hoy en día, volar se ha convertido en una verdadera tortura china para los millones de pasajeros. Desafortunadamente, las aerolíneas están protegidas de cabo a rabo y los pasajeros estamos virtualmente indefensos ante sus crecientes abusos. Espero que los legisladores algún día se apiaden de los pasajeros y salgan en nuestra defensa.

Hasta la próxima y buena suerte. Claudia Herrmann es Presidente de la Asociación de Mujeres Empresarias y Profesionales de Dallas cherrmann@amepusa.org

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