Tengo un hijo adicto al Internet y a las pantallas electrónicas
Francisco @micumbre.com | 6/22/2012, noon
Cuando un hijo tiene esta adicción, es que carece de la educación y práctica de las virtudes y valores humanos, que sus padres tenían que haberle inculcado desde pequeño. Esta adicción suele ser producida, entre otras cosas, por la costumbre que ha crecido poco a poco y se ha convertido en una disculpa, que emplean para aislarse de la convivencia familiar, de sus obligaciones escolares y familiares que les corresponden y para encubrir sus problemas de comunicación y timidez. Creen que ejerciendo esa adicción, van a encontrar el necesario apoyo familiar fuera de la casa, en la calle, con amigos o desconocidos, pero eso es un grave error, pues no existe el apoyo familiar fuera de la familia, salvo desgraciadas excepciones. Sustituyen su tiempo y objetivos, de primera calidad, dedicándolo a esa adicción. Su tiempo disponible está limitado por sus obligaciones ineludibles, relacionadas con los estudios, la familia, el trabajo, la formación y práctica religiosa, los amigos físicos, etc. y no para dedicarlo a estas adicciones. Jamás los hijos encontrarán a su verdadera familia, en estas adicciones, ni en las redes sociales.
Algunos hijos, abusando de una mal entendida y consentida privacidad de sus habitaciones, se absorben durante largas horas, incluso nocturnas, en la utilización de las pantallas electrónicas. Esas adicciones les suponen, entre otras cosas, una disminución del descanso necesario y una acumulación sistemática de escasez, de las horas de dormir mínimas, requeridas. Lo que conlleva que a la mañana siguiente, no puedan estar en condiciones de rendir adecuadamente con sus obligaciones escolares, ni familiares. Al tener rendimientos bajos, por su acumulación de sueño y cansancio, baja su rendimiento escolar con las consiguientes malas calificaciones. Y sin llegar a malas notas, si menores de las que están capacitados. Con las malas calificaciones, aumentan las ganas de abstraerse e inhibirse de ese problema y se entregan con más énfasis, en la adicción de las pantallas electrónicas. Así empiezan un círculo vicioso, que nunca terminará de forma positiva.
Nunca es demasiado tarde. Cuando los padres o los hijos, tienen partida el alma por la soledad o por la descomposición familiar, tienden a recibir la información y las pautas de comportamiento, a través del Internet, de los teléfonos y de las pantallas electrónicas. Normalmente no quieren saber, dónde recurrir para obtener una guía en su educación, teniendo que asumir sus propias responsabilidades, sin haber sido enseñado a resolverlas. Tienen que informarse bien, para aprovechar las ventajas y prevenir los posibles peligros de esas herramientas virtuales. Para eso están los sacerdotes, pastores, rabinos, imanes, maestros y organizaciones, que tienen experiencia en resolver estos casos de adicciones. Es cuestión de que los padres, asuman esa situación de error de los hijos y busquen las herramientas y consejos necesarios, para convencerle de las maldades de esa adicción.
Están aquí y han llegado para quedarse e ir creciendo. El Internet con su información y las posibilidades de chatear y mantener conversaciones, los teléfonos celulares con el envío y recepción de textos y fotografías, los juegos electrónicos y toda la gama de adelantos electrónicos. Ellos nos facilitarán o nos complicarán la vida, pues su utilización puede ser muy buena o muy mala, según el uso que los hijos hagan de ella, de lo que vean hacer a sus padres, y del caso que hagan a las normas y consejos, que sus padres y la sociedad les den.







