Francisco: México no es un país huérfano

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Francisco: México no es un país huérfano

Por: Luis Manuel de la Teja

Ante el sentimiento de orfandad que miles de mexicanos experimentan en 25 encuestas nacionales interpretadas por especialistas para obtener una visión integral de las transformaciones del país al inicio del siglo XXI que publicó la revista nexos, las palabras del Papa Francisco resuenan como una oportunidad para reconocer nuestra identidad (aquello que nos distingue) y reconstruirnos a partir de nuestra esencia fundada en el Tepeyac, que implica una fraternidad colectiva,  cuyo adeudo histórico salta a la vista del mundo, nuestro nivel de desencanto y apatía que fragmenta el tejido social.

El cambio depende de la oportunidad, el momento y las circunstancias; trinomio que hoy nos favorece, con la visita del primer Papa Latinoamericano, para contagiarnos de su mirada desde la centralidad de la persona humana, obnubilada por la desilusión reflejada hasta el hartazgo, en la encuesta de valores e identidad, “Sentimientos y resentimientos de la nación”. Las tres palabras asociadas a México son país, cultura y corrupción; en contraste, el otro México, el “sin fronteras”, verdadera nación en movimiento, asocian a México como la anhelada patria, que de suyo implica un vínculo no solo semántico, sino pragmático, que diariamente acreditan millones de connacionales al contribuir filialmente al engrandecimiento de nuestra patria.

EL MOMENTO.- Frente al ambiente xenofóbico e inhumano, la presencia del Papa Francisco en las fronteras norte y sur, es un exhorto a no fragmentar a las familias de un sistema migratorio perverso de movilidad selectiva, que permite la libre circulación de las mercancías e impide la movilidad humana por un lado, pero también por el otro, que hace México y Centroamaerica, para retener, contener y corregir las causas que provocan la migración forzada.

LA OPORTUNIDAD.- Cambiar la mentalidad heredara de nuestro pasado autoritario de entender el tiempo sexenalmente, cuya teoría postulaba que los males se extinguían con la promesa de un nuevo comienzo: en la práctica afloraba la decepción, pero con la llegada del fin del sexenio  y el ungimiento del heredero se renovaba la esperanza. Esperar todo de la visión paternalista de la política, paraliza la acción ciudadana, el esperar que si no este gobierno, será el siguiente.  Como tampoco esperar poco o nada de la política es saludable; lo urgente es pasar del acuerdo político a la instrumentación del Pacto Social.

LAS CIRCUNSTANCIAS.- Sacarle jugo a la devaluación, de un dólar fuerte que imprima vigor a la economía nacional a ser más competitiva como sucedió en 1995 tras la firma del TLCAN, en virtud de la expansión de la economía estadounidense, se dio una verdadera explosión de las exportaciones de manufacturas en México. Hoy hay una analogía con el arranque del Tratado Transpacífico, en el que la industria automotriz, el porcentaje de valor agregado, generando en el país es de 44.1 %, pensando también en los efectos negativos colaterales para impedir se recrudezcan las asimetrías entre un norte dinámico y un sur subsidiado y rezagado.

Le viene bien a México, la visita del Sumo Pontífice, para construir un nuevo pacto social que termine por derrumbar los últimos vestigios a la veneración de simplificaciones como la deidad de que la riqueza del país era el petróleo, hoy superado por las remesas por encima de la inversión extranjera y el turismo que ha repuntado.

La vieja casa se acabó. Hay una enorme resistencia a construir una nueva, hagámosla a partir de la responsabilidad social compartida. Aprendamos de los mexicanos en el exterior, para hacer del emprendimiento como estrategia nacional para la planeación estratégica en infraestructura y hacer del mercado de la nostalgia el motor que impulse el bienestar del México sin fronteras.

Bienvenido a México, Papa Francisco.

 

 

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